La Federación Rural exige acción tras la muerte de un productor ovino por ataques de perros: «¿Qué más tiene que pasar?»
La Federación Rural (FR) ha manifestado su profunda consternación y rechazo ante el fallecimiento del productor Álvaro Hiriart, calificando su deceso como una «injusticia» que «genera mucha conmoción». En un comunicado difundido este 27 de abril, la gremial expresó su total solidaridad con la familia y allegados del difunto, dedicando un especial abrazo a su hermano Felipe, miembro de la federada de Flores. La Federación Rural se había expresado previamente sobre el fallecimiento de Hiriart, preguntando: «¿Callarse la boca una vez más, porque quejarse es un grito al vacío?».
Según reportes de prensa previos, Hiriart, de 62 años, perdió la vida a causa de un ataque cardíaco sufrido mientras era detenido por la Policía. Este desenlace ocurrió después de que el productor, con permiso legal para portar armas, diera muerte a un perro que había atacado su majada. El trágico evento tuvo lugar en Andresito, cerca de Palmar, en la ruta 3, a unos 50 kilómetros de Trinidad. El productor había enfrentado en múltiples ocasiones previos ataques caninos a sus ovejas, resultando en significativas pérdidas de ganado. Aunque la legislación vigente faculta a los productores a abatir perros que sorprendan atacando dentro de su propiedad, en esta última ocasión Hiriart salió en busca del animal tras un ataque, lo localizó y le quitó la vida. La Policía y la Justicia continúan investigando los pormenores del caso.
La FR, bajo la presidencia de Rafael Normey, lamentó profundamente «la tragedia de una persona de gran calidad humana, apreciado dentro y fuera de su departamento, un individuo sereno y laborioso». Subrayó que Hiriart había presentado «varias denuncias» por incidentes similares, incluso identificando al perro responsable del último ataque. La gremial enfatizó que «el problema de los perros sueltos es un flagelo antiguo y persistente», que provoca «la pérdida parcial o total de la producción para los productores y la destrucción recurrente del esfuerzo anual de los cabañeros». Atribuyen esta situación a la «omisión» tanto de los propietarios de los animales como del Estado, que «no asume su responsabilidad». Agregan que «nadie se responsabiliza cuando el perro ‘no tiene dueño’, a pesar de que habita en nuestro territorio y su gestión es una clara omisión estatal, y tampoco hay consecuencias efectivas cuando sí lo tiene».
La Federación Rural planteó una serie de interrogantes que buscan una reflexión urgente: «¿Qué se espera que hagan los productores en estas circunstancias? ¿Deben silenciarse una vez más, asumiendo que sus reclamos caen en saco roto? ¿Cuál es el límite de la paciencia que deben alcanzar antes de actuar, solo para ser luego censurados y enjuiciados? ¿Dónde están las soluciones que el sector viene exigiendo desde hace años? ¿Cuándo se reconocerá la magnitud de este grave problema para implementar medidas concretas? Finalmente, la pregunta retórica que resuena es: «¿Qué más tiene que pasar?»»
Este no es un problema nuevo para la FR. Ya en agosto de 2025, la entidad había emitido un comunicado instando a «asumir la responsabilidad» sobre la seguridad en el ámbito rural. En aquella ocasión, manifestaron su inquietud por «la alarmante escalada de inseguridad», mencionando explícitamente el aumento del abigeato y los constantes ataques de perros a las majadas ovinas.
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