La Revolución Ganadera de Uruguay: El Maíz y Cuatro Tendencias Transformadoras

La Revolución Ganadera de Uruguay: El Maíz y Cuatro Tendencias Transformadoras

Uruguay está inmerso en una transformación ganadera profunda, cuyo epicentro es el maíz, un proceso que se espera continúe acelerándose en 2026, tras un significativo impulso en 2024. Este cambio, caracterizado por la incorporación creciente de suplementos alimenticios concentrados a la dieta del ganado, está redefiniendo las prácticas productivas y los parámetros de eficiencia en el sector.

Si bien esta evolución se gesta desde hace tiempo, impulsada por una mejora estructural en los precios de exportación, la dinámica de 2024 marcó un punto de inflexión. La favorable relación entre los precios de la carne y la leche respecto al grano disparó la tendencia. Un análisis reciente de la Opypa detalla este fenómeno, categorizando los concentrados utilizados en la alimentación animal en energéticos proteicos, proteicos y energéticos puros, abarcando casi dos décadas de evolución.

El informe distingue dos fases principales: un crecimiento moderado hasta 2017 y una expansión más estructural a partir de 2018. Sin embargo, 2024 parece haber inaugurado una tercera etapa, de aceleración sin precedentes. En ese año, el consumo de concentrados se disparó, impulsado por una oferta récord de granos forrajeros, especialmente maíz en la zafra 2023-2024. La disponibilidad también se vio incrementada por una mayor producción de cebada y trigo forrajero –esta última, en parte, debido a problemas de calidad para su uso en maltería–. Paralelamente, la demanda ganadera, en particular de los sistemas de engorde a corral, creció significativamente, absorbiendo esta mayor oferta.

Este auge se manifiesta en cifras contundentes: el uso de concentrados se incrementó cerca del 80% en períodos trianuales, pasando de 1,5 a 2,7 millones de toneladas. En los concentrados energéticos, el consumo casi se duplicó, superando los dos millones de toneladas en 2024. El motor principal de esta transformación es el maíz, cuya producción se ha disparado un 121% en solo cuatro años (2021-2025), pasando de 878.000 a 1,34 millones de toneladas. Esta expansión sin precedentes ha provocado un rediseño fundamental tanto en la ganadería de carne como en la lechería, impulsando la producción y generando ajustes estructurales.

El análisis sobre el destino de este incremento revela que el sector cárnico es el principal beneficiario, consumiendo el 60% del total de concentrados en 2024, cerca de dos millones de toneladas, lo que representa un aumento del 53% respecto a 2023. Este crecimiento evidenció que la aceleración ya estaba en marcha antes de los excelentes precios del año pasado. Aunque la lechería mostró una leve disminución del 5% en su consumo de concentrados en 2024, pasando del 28% al 20% del total, se estima que esta tendencia se revirtió notablemente en 2025. La producción aviar también utiliza maíz, pero en un patrón constante, sin implicar un cambio tecnológico profundo. En síntesis, el maíz destinado a la ganadería, especialmente la cárnica, ha sido el motor de la gran transformación agrícola-ganadera de los últimos dos años, generando simultáneamente una serie de dinámicas complejas.

**Cuatro Tendencias Transformadoras**

La primera de estas dinámicas es la de una faena con animales de menor edad pero mayor peso. A pesar de los desafíos post-sequía de 2021-2023, 2025 registró un aumento en la oferta de ganado para faena. Para compensar la escasez de novillos de dos a cuatro dientes, hubo un incremento notable en la faena de novillos «diente de leche» (27%) y de seis dientes (30%), lo que sugiere el inicio de una tendencia hacia novillos más precoces y de mayor terneza. Para 2026, se proyecta una recuperación en los novillos de cuatro dientes, una continuidad en los precoces y un descenso en las categorías de mayor edad, consolidando la reducción de la edad de faena. Pese a esta tendencia hacia la juventud, el peso de los animales en faena alcanzó un récord en 2025, con expectativas de repetirse en 2026. Este fenómeno de animales más jóvenes pero más pesados, se traduce en una mejora en la calidad de la carne y en la eficiencia industrial. Datos preliminares de INAC para 2025 indican que el peso promedio de los novillos fue de 529,8 kg (+4,2 kg) y de carcasa de 288,8 kg (+3,2 kg). Las vacas mantuvieron su peso en pie (479,9 kg) con un ligero aumento en carcasa (240,3 kg), y las vaquillonas mostraron un incremento de 2,2 kg en peso promedio, alcanzando los 443,7 kg. La menor disponibilidad de novillos de seis dientes en 2026 será contrarrestada por un aumento en la faena de hembras (vaquillonas un 17%, vacas de seis dientes un 37%), todo ello sustentado en un mayor uso de grano que impulsa la ganancia de peso y una relación favorable costo-producto.

La segunda dinámica observada es el aumento en la faena de hembras, coexistiendo con un incremento en la cantidad de vientres preñados. El crecimiento del 6,4% en la faena total de 2025 se explica en gran medida por la mayor actividad con vacas y vaquillonas (un 9% más), impulsada por la escasez de novillos. Esto incluyó un aumento del 17% en vaquillonas y del 37% en vacas de seis dientes. La suplementación con grano permite una terminación más rápida, complementando el engorde a pasto tradicional. Paradójicamente, el entore de vaquillonas jóvenes, incluso de hasta 15 meses, indica que el próximo censo de stock revelará un aumento en el número de vientres entorados. La producción de terneros se mantiene como un negocio rentable, permitiendo un crecimiento continuo del stock de cría, tanto en vientres dedicados a la reproducción como en aquellos que son enviados a faena tras producir.

La tercera tendencia destacada es la coexistencia de un incremento tanto en la exportación de ganado en pie como en la actividad de faena industrial. A pesar de una persistente escasez de ganado para faena en 2025, el sector logró expandir ambas actividades. La exportación de ganado vivo se acercó a las 400 mil cabezas, lo que la sitúa como la segunda cifra más alta en la historia, superada solo por 2018, y representa un crecimiento superior al 10% con respecto a 2024. Este escenario demuestra que un aumento en las exportaciones en pie no implica necesariamente una reducción de la faena local, sino que ambos pueden crecer impulsados por una mayor productividad.

Finalmente, la cuarta dinámica es la capacidad de incrementar la producción de maíz sin que sus precios se desplomen. Este fenómeno se sustenta en dos pilares: los elevados precios de exportación de la carne y el notable aumento en la productividad del maíz, que en pocos años duplicó su rendimiento de 4.000 a 8.000 kg por hectárea. Con un precio de grano estable alrededor de US$ 200 por tonelada, la ecuación es favorable tanto para agricultores como para ganaderos. Un kilogramo de novillo, por ejemplo, puede adquirir 14 kg de maíz, utilizando aproximadamente 8 kg para producir un kilo de carne, dejando un margen considerable. Para el agricultor, vender a US$ 200/ton y alcanzar 8 toneladas/hectárea significa una facturación de US$ 1.600/ha, convirtiendo al maíz en uno de los cultivos de verano más rentables, especialmente con la irrupción del maíz bajo riego que reduce riesgos y aumenta márgenes. Esta sinergia permite que la producción de maíz crezca sostenidamente. Además, otros granos como la cebada forrajera, trigos de menor calidad panadera y arroz con precios internacionales deprimidos, encuentran en la demanda ganadera un respaldo que estabiliza sus valores. Aunque la producción de maíz de primera en 2026 podría variar por eventos climáticos, la tendencia de fondo es irreversible. Uruguay continuará expandiendo su producción cerealera, complementando con importaciones si fuera necesario. Mientras los precios de la carne y la leche se mantengan atractivos, la intensificación mediante concentrados es un camino sin retorno, prometiendo mayores volúmenes de producción de carne y lácteos.

Fuente: Enlace Original

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